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Los niños amados se convierten en adultos que saben amar.

8 Nov

Nuestras primeras experiencias con el mundo marcan nuestro desarrollo emocional. En los niños se entreteje una red que conectará su mente y su cuerpo, lo que determinará en gran parte el desarrollo de la capacidad de sentir y de amar.

En este sentido, nuestro crecimiento emocional dependerá de nuestros primeros intercambios emocionales, los cuales nos enseñarán qué ver y qué no ver en el mundo emocional y social en el que nos encontramos.

Así, el campo de nuestra infancia nos permite sembrar las semillas del amor de manera natural, lo que determinará que la capacidad de amar y ser amados crezca de manera saludable y nos ayude a desarrollarnos.

“Somos seres emocionales que aprendimos a pensar, no máquinas pensantes que aprendimos a sentir” -Stanisla Bachrach-

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SI ALIMENTAMOS A LOS NIÑOS DE AMOR, LOS MIEDOS MORIRÁN DE HAMBRE

Las muestras de cariño y afecto elevan la autoestima en los niños y les ayudan a construir una personalidad emocionalmente adaptada e inteligente. Es decir, nuestro amor les ayuda a manejar los miedos naturales que surgen en las diferentes edades, fomentando un grado de sensibilidad saludable.

Los niños tienen una confianza natural en sí mismos. De hecho, nos asombra que ante desventajas insuperables y fracasos repetidos no se rindan. O sea, que la persistencia, el optimismo, la automotivación y el entusiasmo amistoso son cualidades innatas.

En este sentido, es el mundo o, mejor dicho, los adultos, los que vamos mermando esa inteligencia emocional con la que todos nacemos.

Darnos cuenta de esto nos ayuda a ser conscientes del papel tan relevante que tiene amar a nuestros hijos y educarlos desde el respeto, la empatía, la expresión y la comprensión de sentimiento, el control del enfado, la capacidad de adaptación, la amabilidad y la independencia.

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA CRIAR NIÑOS FELICES Y SALUDABLES?

El temperamento de un niño refleja un sistema de circuitos emocionales innatos específicos en el cerebro, un esquema de su expresión emocional presente y futura, y de su comportamiento. Estos pueden ser o no adecuadas, por lo que la educación debe convertirse en apoyo y guía para ellos.

Para lograr una salud emocional óptima, debemos cambiar la forma en la que se desarrolla su cerebro. La idea es que a través del amor y de la educación emocional fomentemos ciertas conexiones neuronales saludables en los niños.

O sea, todos los niños y todos los adultos parten de unas características determinadas que tienen que gestionar juntos para lograr su bienestar físico y emocional.

Por ejemplo, el hecho de que un niño sea tímido por naturaleza, suele provocar que los adultos que nos encontramos a su alrededor lo sobreprotejamos, haciendo que se vuelva ansioso y perturbable con el paso del tiempo.

En este sentido, con lo que hoy en día conocemos, la educación emocional requiere de cierto desaprendizaje adulto. Un niño tímido debe aprender a poner nombre a sus emociones y a enfrentar lo que le perturba, no debe sentir que le cortamos las alas porque es vulnerable.

Un adulto tiene que mostrarse empático sin reforzar sus llantos y sus preocupaciones, proponiéndole a su vez nuevos desafíos socio-emocionales que le permitan evolucionar. Es decir, hay que proteger su salud emocional a través del desarrollo de sus características naturales.

LAS CLAVES BÁSICAS DE UNA EDUCACIÓN EMOCIONAL SALUDABLE

Algunas de las claves básicas de una educación emocional saludable son:

Los especialistas suelen recomendar ayudar a los niños a hablar de sus emociones como una manera de comprenderse a sí mismos y a los demás. Sin embargo, las palabras solo dan cuenta de una pequeña parte (un 10%) del verdadero significado que obtenemos a través de la comunicación emocional.

Por esta razón, no podemos quedarnos solo en la verbalización, sino que tenemos que enseñarles a comprender el significado de la postura, de las expresiones faciales, del tono de voz y de cualquier tipo de lenguaje corporal. Esto resultará mucho más efectivo y completo para su desarrollo.

Desde hace años se viene promocionando el desarrollo de la autoestima de un niño a través del elogio y los refuerzos constantes. Sin embargo, esto puede hacer mucho más daño que bien. Los elogios solo ayudarán a nuestros niños a sentirse bien consigo mismos si están relacionados con logros específicos y con el dominio de nuevas aptitudes.

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El estrés es uno de los grandes enemigos de la niñez. Sin embargo, es un inconveniente con el que tienen que vivir, por lo que protegerlos en exceso es una de las peores cosas que podemos hacer. Ellos tienen que aprender a enfrentar estas dificultades naturales de tal forma que desarrollen nuevos caminos neurales que les permitan adaptarse al medio en el que viven.

No podemos tratar de criar a nuestros niños en un mundo Disney de inocencia e ingenuidad. El estrés y la inquietud forman parte del mundo real y de la experiencia humana tanto como el amor y el cuidado.

Si tratamos de eliminar estos obstáculos, impediremos que tengan la oportunidad de aprender y desarrollar capacidades realmente importantes que les ayuden a enfrentar desafíos y decepciones que son inevitables en la vida.

Fuente: Raquel Aldana (psicóloga)

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Algunos consejos para reconocer el abuso infantil.

21 Oct

 

Dentro del tema del abuso sexual, existe varios mitos, entre los que se encuentra “mis hijos nunca han sido abusados ni lo serán”, éste es el primer problema con el que nos encontraremos a la hora de detectar un posible abuso, ya que nos cerramos a escuchar o ver las señales que nos podrían enviar nuestros pequeños en relación a este tema. No podemos creer saberlo todo sobre nuestros hijos, ya que si ha sido abusado sexualmente, muy rara vez el menor se atreverá a relatar lo sucedido. El niño suele callar por vergüenza al mismo tema sexual, por miedo a represalias por parte del abusador o simplemente por temor a que nadie les crea.

Detallo algunos de los muchos indicadores tanto a nivel físico cómo psicológico, que nos pueden servir como luces de alerta para observar más de cerca la conducta de nuestros hijos:

Indicadores físicos:
-Lesiones, desgarros, sangrado, inflamación, mucosa vaginal excesiva, cicatrices en la zona genital y/o anal.
-Irritación en las tetillas, dilatación anal, infección urinaria, repentina dificultad para caminar o sentarse.
-Encopresis (Trastorno intestinal de origen nervioso, por el cual niño tiene incontinencia fecal)

Indicadores psicológicos:
-Llanto permanente, fuerte rechazo frente a una persona específica.
-Trastornos del sueño, no logran conciliar el sueño por completo, tienen pesadillas o terrores nocturnos, temor a estar solos.
-Depresión, juegos inapropiados para su edad en tonos sexuales o dibujos de carácter sexual.
-Ponerse demasiada ropa, dos o tres pantalones. Esto se hace con la finalidad de dificultar el abuso.Foto blanco y negro de niño que simboliza la detención del abuso

Es de vital importancia que los padres pongamos atención al lenguaje no verbal de nuestros hijos, a sus juegos, sus expresiones, sus dibujos. La vida hoy corre muy deprisa, con altas exigencias y en muchas casas ambos padres deben trabajar estando ausentes la mayor parte del día. De una manera u otra debemos asegurarnos de encontrar el minuto para conversar con nuestros niños, que sientan nuestro interés por lo que nos relatan, escucharles con atención. Niños pequeños, medianos o grandes, necesitan sentir que nos interesamos por lo que les ocurre y que haremos lo que esté a nuestro alcance para protegerlos.

 

Otros comportamientos que posiblemente observe en un niño o adolescente:

-Tiene pesadillas u otros problemas para dormir sin ninguna explicación.
-Parece distraído o distante en diferentes momentos.
Presenta un cambio repentino en sus hábitos alimenticios.
-Se rehúsa a comer.
-Pierde o aumenta radicalmente su apetito.
-Tiene problemas para tragar.
-Presenta cambios repentinos en su estado de ánimo: furia, miedo, inseguridad o retraimiento
-Da “señales” que dan pie a iniciar una conversación sobre temas sexuales.
-Desarrolla un miedo inusual o nuevo en relación con ciertos lugares o personas.
-Se rehúsa a hablar acerca de un secreto compartido con un adulto o niño mayor.
-Escribe, dibuja, juega o sueña con imágenes atemorizantes o sexuales.
-Un niño escribiendo o dibujando en una hoja de papel.
-Habla de un nuevo amigo mayor.
-De repente, tiene dinero, juguetes u otros regalos sin motivo alguno.
-Piensa que es repulsivo(a), sucio(a) o malo(a), o considera que su cuerpo lo es.
-Exhibe conocimiento, lenguaje o comportamientos sexuales semejantes a los de un adulto.

 

Cómo detectar abusos en los dibujos infantiles

Conscious Parenting: Parents As Genetic Engineers

28 Jun

Did you know your family heredity isn’t the be all, end all? And your genes are not “fixed”? It’s true!

The outcome of your health is in your hands. It just requires changing your perceptions of the world you live in. Imagine! You can actually prevent the onset of breast cancer, high cholesterol or any other disease.

Everything you thought you knew about how your genes work has been completely revolutionized. We’ve always learned that we are victims of our genes and whatever disease or cancer runs in our family is bound to affect us too – but this simply isn’t true. The time has come for you to take back your power. New science shows that our genes do not control our lives—we do.

It was a chance encounter with a chiropractor, many years ago, that led me to not only an appreciation for kinesiology, but also the astonishing realization that my conscious mind was not always in control. I was amazed to discover that there was another “mind,” another force, that was co-piloting my life. More shocking was the fact that this hidden mind, the mind I knew little about (except theoretically in psychology) was actually more powerful than my conscious mind, just as Freud had claimed. After hobbling in at the start of the session, I was able to saunter out feeling like a new man after a few simple, vertebral adjustments on the table . . . all without the use of drugs. And most importantly, I was introduced to the “man behind the curtain,” my subconscious mind! You can find the full story in my book, The Biology Of Belief.

Nature Versus Nurture

To understand better what had happened in that chiropractor’s office, I first turned to comparative neuroanatomy, which reveals that the lower an organism is on the Tree of Evolution, the less developed its nervous system and thus the more it relies on preprogrammed behavior (nature). Moths fly toward the light, sea turtles return to specific islands and lay their eggs on the beach at the appropriate time, and the swallows return to Capistrano on a specific date, yet, as far as we know, none of these organisms have any knowledge of why they engage in those behaviors. The behaviors are innate; they are genetically built into the organism and are classified as instincts.

Organisms higher in the Tree have more complexly integrated nervous systems headed by bigger and bigger brains that allow them to acquire intricate behavioral patterns through experiential learning (nurture).

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Our Innate Instincts

We do have, of course, behavioral instincts that are innate— consider the infant’s instinct to suckle, to quickly move his hand away from fire, and to automatically swim when placed in water. Instincts are built-in behaviors that are fundamental to the survival of all humans, independent of what culture they belong to or what time in human history they were born. But through evolution, our learned perceptions have become more powerful, especially because they can override genetically programmed instincts. The body’s physiological mechanisms (e.g., heart rate, blood pressure, blood flow/bleeding patterns, body temperature) are, by their nature, programmed instincts. However, yogis as well as everyday people using biofeedback can learn to consciously regulate these “innate” functions.

Human Programming: When Good Mechanisms Go Bad

Human beings, have to learn so much so quickly to survive and become a part of their social community. Evolution has endowed our brains with the ability to rapidly download an unimaginable number of behaviors and beliefs into our memory. Both adults and children display EEG variations that range from low frequency delta waves through high frequency beta waves. However, researchers have noted that EEG activity in children reveals, at every developmental stage, the predominance of a specific brain wave.

Delta – The Lowest Frequency, 0-2 years old

Operates at the lowest EEG frequency, (0.5 to 4 cycles per second Hz).

Theta – Critical Programming Years, 2-6 years old

A higher level of EEG activity (4-8 cycles per second Hz)

Hypnotherapists drop their patients’ brain activity into theta because this low frequency brain wave puts them into a more suggestible, programmable state.

This gives us an important clue as to how children, whose brains are mostly operating at this frequency through six years of age, can download the incredible volume of information they need to thrive in their environment.

The ability to process this vast quantity of information is an important neurologic adaptation to facilitate this information-intense process of enculturation. Young children carefully observe their environment and download the worldly wisdom offered by parents directly into their subconscious memory. As a result, their parents’ behavior and beliefs become their own.

The fundamental behaviors, beliefs, and attitudes we observe in our parents become “hardwired” as synaptic pathways in our subconscious minds. Once programmed into the subconscious mind, they control our biology for the rest of our lives . . . or at least until we make the effort to reprogram them.

Given the precision of this behavior-recording system, imagine the consequences of hearing your parents say you are a “stupid child,” you “do not deserve things,” will “never amount to anything,” “never should have been born,” or are a “sickly, weak” person. When unthinking or uncaring parents pass on those messages to their young children, they are no doubt oblivious to the fact that such comments are downloaded into the subconscious memory as absolute “facts” just as surely as bits and bytes are downloaded to the hard drive of your desktop computer.

During early development, the child’s consciousness has not evolved enough to critically assess that those parental pronouncements were only verbal barbs and not necessarily true characterizations of “self.” Once programmed into the subconscious mind, however, these verbal abuses become defined as “truths” that unconsciously shape the behavior and potential of the child through life.

Alpha – Calm Consciousness, 6-12 years old

Increasing appearance of higher frequency Alpha waves (8-12 cycles per second Hz).

We become less susceptible to outside programming as Alpha activity is equated with states of calm consciousness. While most of our senses, such as eyes, ears, and nose, observe the outer world, consciousness resembles a “sense organ” that behaves like a mirror reflecting back the inner workings of the body’s own cellular community; it is an awareness of “self.”

Beta – Active, Focused Consciousness, 12+ years old

At 12+ years old we begin to show sustained periods of Beta waves (12-35 cycles per second Hz).

Beta brain states are characterized as “active or focused consciousness,” the kind of brain activity used in reading a book, or focusing on a school or work project.

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Recently, a fifth, higher state of EEG activity has been defined. Referred to as gamma waves (>35 Hz), this EEG frequency range kicks in during states of “peak performance,” such as when pilots are in the process of landing a plane or a professional tennis player is engaged in a rapid-fire volley.

By the time children reach adolescence, their subconscious minds are chock-full of information that ranges from the knowledge of how to walk, to the “knowledge” they will never amount to anything or the “knowledge”, fostered by loving parents, that they can do anything they set out to do. The sum of our genetically programmed instincts and the beliefs we learned from our parents collectively form the fundamental programs in the subconscious mind. Programs that can undo both our ability to keep our arm raised in a chiropractor’s office and our best New Year’s resolutions to stop sabotaging ourselves with drugs or food.

Again I go back to cells, which can teach us so much about ourselves. I’ve said many times that single cells are intelligent. But remember, when cells band together in creating multicellular communities, they follow the “collective voice” of the organism, even if that voice dictates self-destructive behavior. Our physiology and behavior patterns conform to the “truths” of the central voice, be they constructive or destructive beliefs.

I’ve described the power of the subconscious mind, but I want to emphasize that there is no need to consider the subconscious a scary, super-powerful, Freudian font of destructive “knowledge.” In reality, the subconscious is an emotionless database of stored programs, whose function is strictly concerned with reading environmental signals and engaging in hardwired behavioral programs, no questions asked, no judgments made. The subconscious mind is similar to a programmable “hard drive” into which our life experiences are downloaded. The programs are functionally equivalent to hardwired stimulus-response behaviors. Behavior activating stimuli may be signals the nervous system detects from the external world and/or signals that arise from within the body such as emotions, pleasure, and pain. When a stimulus is perceived, it will automatically engage the behavioral response that was learned when the signal was first experienced. In fact, people who realize the automated nature of this playback response frequently admit to the fact that their “buttons have been pushed.”

Before the evolution of the conscious mind, the functions of animal brains consisted only of those that we link with the sub-conscious mind. These more primitive minds were simple stimulus-response devices that automatically responded to environmental stimuli by engaging genetically programmed (instincts) or simple learned behaviors. These animals do not “consciously” evoke such behaviors, and in fact, may even be oblivious to them. Their behaviors are programmed reflexes, like the blink of an eye in response to a puff of air or the kick of a leg after tapping the knee joint.

The conscious mind is the “self,” the voice of our own thoughts. It can have great visions and plans for a future filled with love, health, happiness, and prosperity. While we focus our consciousness on happy thoughts, who is running the show? The subconscious. How is the subconscious going to manage our affairs? Precisely the way it was programmed. The behaviors managed by the subconscious mind when we are not paying attention may not be of our own creation because most of our fundamental behavioral programs were downloaded without question from observing other people. Because subconscious-generated behaviors are not generally observed by the conscious mind, many people are stunned to hear that they are just like their mom or their dad, the people who programmed their subconscious minds.

The learned behaviors and beliefs acquired from other people, such as parents, peers, and teachers, may not support the goals or desires of our conscious mind. The biggest impediments to realizing the successes of which we dream are the limitations programmed into the subconscious.

Nature did not intend the presence of the dual minds to be our Achilles heel. In fact, this duality offers a wonderful advantage for our lives. Consider it this way: what if we had conscious parents and teachers who served as wonderful life models, always engaging in humane and win-win relations with everyone in the community? If our subconscious mind were programmed with such healthy behaviors, we could be totally successful in our lives without ever being conscious!

How much easier would it be to be nurtured from the beginning of life so that you can reach your genetic and creative potential? How much better to become a conscious parent so that your children and their children will be conscious parents, making reprogramming unnecessary and making for a happier, more peaceful planet!

My book, The Biology of Belief, celebrates it’s 10th Anniversary this year and is being re-released in an updated and expanded edition to include much of the new research on the subject of Epigenetics.

Bruce H. Lipton, Ph.D., a pioneer in the new biology, is an internationally recognized leader in bridging science and spirit. A cell biologist by training, Bruce was on the faculty of the University of Wisconsin’s School of Medicine and later performed groundbreaking stem-cell research at Stanford University.

 

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La desesperación manifestada.

22 Jun

Los niños lloramos mucho. Hacemos berrinches, intentamos por todos los medios explicarle a mamá que sufrimos en la escuela, que nos dan miedo los gatos, que el abuelo nos hace daño, que tenemos terror de quedarnos solos, que hay monstruos detrás de las ventanas, que los mosquitos nos pican escondidos entre las sábanas, que la maestra nos grita, que soñamos que nos morimos, que tenemos un nudo en el estómago y no podemos pasar la comida, que si la comida pasa nos lastima las tripas, que queremos quedarnos en casa, que no queremos jugar con niños que nos pegan, que estamos desesperados y sólo queremos un abrazo. Sin embargo, vamos a la escuela, nos cruzamos con los gatos, nos quedamos a dormir con el abuelo, pasamos muchos ratos solos, nadie nos defiende de los monstruos, nadie mata a los mosquitos, estamos desprotegidos frente a la maestra, comemos asqueados todo el plato de comida y no sabemos cómo conseguir un abrazo. Es tal la desesperación y las amenazas recibidas por los berrinches que hicimos en el autobús el domingo pasado, que mamá y papá han sistematizado los castigos. Ahora pasamos mucho tiempo solos en nuestra habitación sin poder mirar la tele y sin comer en familia. Luego crecemos y nos volvemos taciturnos. En la escuela no tenemos amigos. Preferimos encerrarnos con nuestros jueguitos electrónicos para que nadie nos moleste. Aislados y sin interés por los vaivenes familiares, mamá y papá nos consideran tontos. Sólo querríamos obtener el último juego electrónico que apareció en el mercado. Mamá y papá jamás lo comprarán ya que estamos castigados. Hasta que un buen día, con 13 años y la amenaza por parte de los adultos de dejarnos solos en casa del abuelo, hacemos un berrinche fenomenal. La diferencia es que ya medimos 1 metro 60. Nos hemos tirado al piso pretendiendo sacarnos la ropa y los zapatos, pataleando para que nadie se acerque. En medio de la descarga de ira apareció algún tío que fue testigo. Ese tío llamó al médico. El médico llamó al psiquiatra y nos volvimos a casa con un diagnóstico de brote psicótico y una lista de remedios que mamá fue a comprar. Mamá está inusualmente calma porque ya obtuvo respuestas: Ahora encontró el significado esperado para justificar nuestras descargas: “Estamos enfermos” y por eso éramos indomables. La explicación le acerca la tranquilidad que esperaba. Ya está. Con la medicación no tendrá que tolerar más berrinches, porque resulta que no eran berrinches, sino “brotes”.
¡Problema resuelto! Hemos inventando a un loco.
Por supuesto, nadie miró un poco más allá. Desde que hemos nacido, nunca nadie se puso en nuestra piel, nadie sintió nuestro abandono, nadie escuchó las amenazas de mamá diciéndonos que no deberíamos haber nacido, nadie fue testigo de las palizas que nos dio papá con el aval de mamá con una pala embarrada. Nadie contuvo a mamá para que no descargue su furia sobre nosotros cuando encontró a papá con otra mujer. Nadie apoyó a mamá para que nos diga una vez, al menos una sola vez en la vida una palabra cariñosa. Nadie le acercó a mamá una propuesta original de buen trato, porque ella misma no lo había aprendido. Nadie le propuso que revise sus falencias, su impaciencia ni su destrato. Nadie se nos acercó en la escuela ni en la vecindad para preguntarnos qué nos gustaría hacer. Nadie nos calmó en medio de un berrinche desesperado sino por el contrario, todos los adultos se atrincheraron entre sí acusándonos de malcriados y malnacidos. Y nosotros –aún niños– hemos resistido a fuerza de golpes, gritos y patadas. Hasta que la fuerza de la medicación psiquiátrica nos acalló.

(extracto del libro “Qué nos pasó cuando fuimos niños y qué hicimos con eso”)

Laura Gutman

 

Laura Gutman, crianza, violencias masculina y femenina

 

 

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Grafología infantil sus beneficios y más…

25 Mar

 

La grafología es la ciencia que estudia las relaciones de la escritura y la psicología de las personas, para distintos fines. Durante la infancia, se puede utilizar la grafología para estudiar la personalidad y el carácter de los niños, y conocer algo más de sus pensamientos y sentimientos. Según los grafólogos, tanto la conducta, como las emociones, así como los sentimientos, pueden estar reflejados en su escritura.

Cómo funciona la grafología en los niños

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A través de los rasgos de la escritura de un niño se pueden conocer sus características, y en base a ello se pueden prevenir posibles trastornos de personalidad y corregir problemas de lecto-escritura como es el caso de la dislexia. También se utiliza la grafología para resolver problemas cognitivos y afectivosdetectados en la escritura de los niños, moldeando su carácter respetando su personalidad.

¿Y cómo funciona la grafología? El cerebro manda un mensaje a la mano para escribir y la mano envía un mensaje al cerebro cuando escribe. La repetición disciplinada de un gesto gráfico incide en la actitud mental de quien lo recibe. De este modo, si se reconocen signos negativos en la letra de un niño, como falta de atención, inseguridad, complejos, angustia e introversión, se puede trabajar para convertir estas señales en más concentración, seguridad, mejor autoestima…

Beneficios de la grafología en los niños

La grafología puede mejorar el rendimiento escolar a través de la reconducción de la escritura. Si un niño aprende una grafía compuesta por letras inteligentes y rápidas, puede presentar mejoría en los estudio. Un niño que presenta falta de atención y otras alteraciones del carácter, normalmente presenta una letra ilegible y desordenada. Por otro lado, la grafología crece con el niño. Un niño de ocho años no puede mantener el mismo modelo caligráfico que a los cinco años porque la escritura acompaña a su desarrollo intelectual y sus conocimientos.

 

¿CÓMO DETECTAR EN LA ESCRITURA LA HIPERACTIVIDAD Y DÉFICIT DE ATENCIÓN (TDAH) EN NIÑOS?

Hiperactividad: Es un trastorno neurobiológico transmitido genéticamente. Los niños que tienen esta condición no padecen significativas lesiones cerebrales, retardo del desarrollo y/o dificultades psicológicas o emocionales que puedan explicar mejor estos problemas.

¿CUÁLES SON SUS SÍNTOMAS?

Dejan incompletas sus tareas.
Cometen errores por descuido.
Se distraen con facilidad.
No prestan atención.
Son inquietos a nivel conductual (se paran, se sientan, se tiran al suelo, tumban sus cosas). Esto lo hacen por la gran necesidad de moverse.
Sienten las necesidad de mover sus manos: dibujan, escriben, tachan o borran al mismo tiempo.
Mientras que hacen sus actividades en clase y sus tareas, conversan sin parar.
Responden antes de que se haya terminado de preguntar.
Interrumpen en las conversaciones de sus mayores.
Les cuesta esperar su turno.
A menudo no escuchan lo que se les dice.
Se le dificulta seguir órdenes sencillas.
RASGOS GRAFOLÓGICOS MÁS COMUNES EN LOS NIÑOS CON TDAH

Escritura sinuosa y tremulosa.
Letra deformada y sin armonia.
No respetan el tamaño de las letras.
No hay organización en sus letras.
Borran y repasan varias veces su escritura.
Se observan sombreados y tachaduras.
Renglones que suben y bajan y a diferente distancias.
Letras comprimidas o desiguales.
Escriben mayúsculas donde no corresponde.
Es importante destacar que todo la falta de organización anteriormente señalada, desde el punto de vista grafológico, podría indicar una mente confusa, dispersa y desatenta, observándose la falta de los puntos sobre la “i” y la barra de la “t”.

Ejercicios para niños con déficit de atención

 

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Terapia cráneo-sacral:El embarazo y el nacimiento

10 Oct

El nacimiento en muchos de los casos puede provocar traumatismos craneales que si se tratan en la infancia, es más fácil y de mayor satisfacción para el niño y el terapeuta. Normalizar las estructuras del cráneo del recién nacido es una de las practicas más importantes y valederas de la medicina preventiva actual. Sus posibilidades de logro en los primeros tiempos de vida sobrepasan en mucho a lo que se pueda hacer más tarde.

Un tratamiento terapéutico precoz puede mejorar o impedir las deformaciones de la columna vertebral, los problemas de expresión y escucha, las alergias y otras patologías, el retraso mental y casi cualquier cosa que pueda pasar a una persona. El poder energético y homeostático de un niño que realice un parto correcto y una infancia feliz es muy, pero que muy importante. Si no ha sido así el tratamiento cráneo-sacral es de vital importancia en los niños.

Lo correcto es salir por el útero de la madre y que el niño pase por la experiencia de la compresión parietal, esfeno-temporal y así provocar que las fontanelas se amontonen una encima de la otra y así comprimir los ventrículos para que estos empiecen a funcionar correctamente. Al mismo tiempo estamos permitiendo a las suturas aportar más elasticidad de crecimiento posterior al nacimiento.

La manera como se realizan los nacimientos trae enormes traumas y problemas en el ser humano. Los nacimientos de cesárea, al no encogerse el cráneo en el momento de salir del útero materno, pueden hacer que el cráneo se suelde antes y acarrear problemas en las mandíbulas o incluso de conducta.

Los huesos del cráneo del niño reciben muchísima irritación, pues la corteza cerebral no esta encontrando dilatación de los huesos craneales, el cerebro se encuentra metido en una caja estrecha. El cerebro crece más rápido que los huesos del cráneo.

Los nacimientos con fórceps o ventosas producen traumas que pueden durar toda la vida. Estos niños reciben la información que les entra por el cerebro un poco distorsionada. El niño no será tranquilo y puede tener problemas de aprendizaje.

En el recién nacido las fontanelas son de cartílago, muy maleables que se solidifican a los dos años. Los bordes dentados y biselados de las suturas de un adulto en el bebe no se forman hasta la edad de 7 años, cuando el niño empieza a razonar.

A las madres y a los niños es muy recomendable hacerles la terapia cráneo sacral. El feto absorberá el ajuste cráneo-sacral que le hagamos a la madre. Si en el embarazo hubiera un enroscamiento del cordón umbilical, con la terapia del Unwinding o desenroscamiento se podría intentar desatar el enroscamiento del cordón umbilical. Al desenroscar el tubo dural de la madre. Esta mandará información para desenroscar el cordón umbilical del feto.

También es muy importante el estado de la pelvis de la madre, durante el parto y a posteriori. Por ello la madre debería de someterse durante el embarazo a varias sesiones de terapia cráneo-sacral, actitud que puede evitar problemas mayores. Aquí se ajusta y equilibra todo su sistema craneal y de membranas por toda la columna vertebral y por el sacro, el cóccix, las caderas y todo el organismo. Para permitir el paso del bebe la pelvis debe abrirse y los ligamentos distenderse para amplificar los diámetros. El sacro tiene que realizar un movimiento de nutación a fin de empujar hacia atrás el cóccix y aumentar el espacio entre el sacro y el pubis.

Por tanto después del parto la madre debe someterse a unas sesiones de cráneo-sacral en la pelvis y en el diafragma pélvico. Después del parto la pelvis ha tenido que hacer una enorme eversión y puede que no vuelva a su posición normal, quedándose atrapados en la eversión y el sacro se queda encastrado entre los dos iliacos. Tendremos que liberar la pelvis y el sacro con técnica osteopatía o cráneo-sacral. Devolveremos el movimiento respiratorio de flexión y extensión al sacro que hará nutación y contranutación y a la pelvis que hará eversión e inversión, o sea apertura y cierre.

Si los iliacos no son capaces de producir el movimiento de eversión e inverso, tendremos que hacer todo el proceso de llevar aún más hacia la lesión, desenroscar y acompañar hacia su correcto sitio haciendo la parada neurológica. Esto ayudara a liberar el sacro.

Liberaremos la tensión en el suelo de la pelvis y así habremos hecho un excelente tratamiento a la mujer para evitar molestias como lumbalgias, ciatálgias o lumbo-ciatálgias

Después del parto muchas madres tienen esa zona como un bloque no hay movilidad, ni respiración en la sínfisis púbica, en el sacro, en los iliacos, no hay elasticidad de contención en el diafragma pélvico, y trataremos de llevar movilidad a todas estas zonas.

Existen muchos casos de patologías psicológicas o de carácter que tendrían una fácil solución con un tratamiento preventivo en la infancia. Porque suele suceder que los problemas salgan a posteriori de tener la lesión craneal, a los meses o años. De repente sobreviene fallos de visión, dolores de cabeza, perturbaciones del equilibrio, vértigo sinusitis, nerviosismo, apatía, agresividad, problemas en los ritmos del sueño, estados depresivos y un largo etc.

La prevención debería de ser nuestro mayor afán en los tratamientos en la infancia de los partos difíciles o traumáticos, por el motivo que sea. El parto tiene que ser lo más natural posible. La ciencia tiene que estar al servicio de la naturaleza y ayudarla sólo en los casos más necesarios.

En muchas ocasiones el estrés y la necesidad de acabar las cosa pronto, sin esperar su debido tiempo, acarrean partos violentos o por cesárea, que sin darnos cuenta afectan negativamente a la salud de esos bebes. Lo que pasa es que no hacemos caso y no nos damos cuenta las cosas que hacen daño a medio o largo tiempo

Se debería de hacer mayor colaboración entre las comadronas, los médicos y pediatras con los terapeutas u osteópatas craneales. Trabajar en equipo para beneficiarse de la información que disponen los terapeutas craneales sobre lesiones en el parto. Si se tratan al principio la curación es inmediata y evitaremos la aparición de problemas a posteriori.

El primer grito en el recién nacido también es importante pues en él le viene la primera inspiración. Con ello el desarrollo de los pulmones y ayuda a recolocar los huesos del cráneo en una posición más adecuada. Ahora el oxígeno cambia de venir de la sangre materna a venir a través de la respiración pulmonar. Estos primeros minutos son importantes para el cerebro del niño. Las células nerviosas necesitan de todo el oxígeno posible.

En los bebes podemos utilizar todas las frecuencias del tratamiento. Aprovechar el momento cuando esta dormido, tomando el pecho o el biberón.

Una de las funciones de las fascias en también la de acumular memoria. La terapia cráneo-sacral. Tiene también la función de despertar la memoria que también puede estar dañada por aspectos emocionales.

Esto puede llamarse un quiste emocional (habla del ejemplo de la chica del masaje torácico que sintió el recuerdo del dolor de una parálisis facial).

Todas las crisis convulsivas que se despiertan en estos trabajos son crisis de sanación.

En la historia más reciente, el parto se transformó en un hecho institucionalizado, y hasta se lo piensa como un riesgo para la mujer y su bebé. Dejó de ser una situación natural para ser visto como una enfermedad.
En las charlas y en los cursos, hablamos del porqué y cómo se puede volver a un parto más individual y libre.
Hablamos de la importancia de la autonomía de la embarazada y su pareja, de darle el rol que se merece, que éste sea el rol principal y que recupere la confianza en su propio cuerpo.
Mostramos la necesidad de esperar y de no interferir, la necesidad de la parturienta de moverse como quiera en vez de estar boca arriba en la cama, lo importante de la actitud de los demás y del medio ambiente, y cómo recibir al recién nacido con el respeto que corresponde.
Maggie Hoffer, obstétrica suiza, trabajó durante 6 años en un hospital público de Zurich, donde era lo normal preguntarle a la embarazada qué quería ella para su parto, y realizar partos verticales y en el agua. Una consecuencia de éste estilo de trabajo, es que las cesáreas se reducen a un 10% y las epistomías a un 20% del total de los partos.
Además las mujeres recuperan la confianza en sí mismas y el contacto inmediato facilita el vínculo madre-bebé y la lactancia.
El trabajo corporal durante el embarazo colabora en la posibilidad de una experiencia “natural” e integrada a la vida.
El cuerpo cambia mucho durante el embarazo, y se va preparando de distintas maneras para el parto. Cuanto más conozca la mujer su propio cuerpo y acepte sus sensaciones corporales, más fácil le será saber qué necesita (posturas, modos de respirar, ayuda, ambiente, etc) en el parto y en el contacto con su bebé.
El autocontacto (contacto con uno mismo), es facilitador de un buen contacto con los otros, y en esto el trabajo con el cuerpo es de gran ayuda.

El parto y los nacimientos

Si durante el parto ha habido una compresión de la base del craneo o con los forceps que ha comprimido el esfenoides, es muy probable que la fuerza hidraulica interna sea incapaz de corregir esa malformación.
Tambien puede ser por una inflamación viral de las membranas y su incapacidad para acomodarse al crecimiento oseo o puede ser por un impacto en el sacro o en el coxis o lumbosacro, o la compresión o agarrotamiento de los condilos del occipital entre las carillas articulares del atlas o un trauma emocional.

 

¿Qué es la terapia cráneo sacral?

 

Un poco más sobre tu bebé

Tu bebé es un ser único, diferente de cualquier otro, la forma que ha tenido de experimentar su nacimiento es personal, y distinta de todos los demás.
Tu bebé es un ser conciente, y lo ha sido desde el momento de la concepción. Por esta razón, cualquier evento traumático que ocurra durante el nacimiento tendrá un impacto sobre él, porque aunque su cerebro no está plenamente desarrollado en el momento de nacer, todos los recién nacidos ya responden y son concientes de lo que está ocurriendo en su vida.
El recién nacido es un ser sensible que ha estado desarrollando sus sentidos durante su vida en el útero. Como el doctor David Chamberlain explora en su libro, (The mind of Your Newborn Baby), el bebé desarrolla el sentido del gusto a las 14 semanas; los datos obtenidos por ultrasonidos demuestran que reacciona a la luz dirigida sobre el vientre de su madre a las 24 semanas, se sorprende de los sonidos fuertes a las 25 semanas del embarazo, y a las 32 semanas ya tiene el tacto plenamente desarrollado. A demás, tiene el sentido del olfato plenamente desarrollado desde el nacimiento. El recién nacido es plenamente capaz de sentir dolor por haber desarrollado las vías y mecanismos cerebrales y espinales correspondientes durante la gestación. Por esta razón es muy importante minimizar los procedimientos médicos postnatales, o ser muy conciente de la sensibilidad del bebé cuando estos procedimientos son absolutamente imprescindibles. Cuando los procedimientos médicos son necesarios, se debe explicar al bebé lo que está a punto de ocurrir. Y el personal médico debe tener en cuenta la capacidad del bebé de integrar la experiencia para que el mismo sistema del bebé reconozca lo que está sucediendo e integre esa ayuda, para así el personal obtener los mejores resultados.
El bebé es capaz de comunicar significativamente durante, antes y después del nacimiento. Muchos investigadores y psicólogos consideran que el pensamiento, el aprendizaje y el registro de recuerdos son cualidades innatas en el ser humano. La forma en que el recién nacido piensa y registra sus recuerdos es diferente de la tuya porque su cerebro está en otra etapa de desarrollo, y sin embargo tu bebé es capaz de realizar todas estas funciones.
Tu bebé tiene sentimientos y emociones en el momento de nacer e incluso antes (por ejemplo, se ha registrado llanto audible en casos de aborto terapéutico a las 21 semanas de gestación). Es importante honrar dichos sentimientos y concederles el tiempo y el espacio necesarios para que el bebé pueda expresar todo el espectro de sus emociones. Cuando tu hijo esté expresando sus emociones, es esencial que estés presente, que te mantengas conectado con él, y que expreses impatía y compasión. Esto le ayudará a sentirse validado, a construir la integridad de su ser y a experimentar la conexión consigo mismo y contigo. A veces a los padres les resulta muy difícil mantenerse presentes y conectados cuando el bebé expresa sentimientos duros; sé consciente de que en esos momentos podrías necesitar ayuda y que será muy valiosa recibirla.
Durante los primeros 18 meses de vida de tu hijo, él está desarrollando principalmente su cerebro derecho, conectando con su memoria implícita, que incluye, emociones, conductas, sensaciones, percepciones y probablemente recuerdos corporales. Daniel Siegel define la memoria implícita como: “Una forma de memoria no verbal temprana que está presente en el nacimiento y continua a lo largo de la vida “. Lo significativo es que tu bebé, durante este período esta tomando información a un nivel que no es conciente, esto significa que la información no quedará registrada en su mente conciente, sino como recuerdo experimental no verbal e implícito. Históricamente cuando los psicólogos hablaban del primer año y medio de la vida del bebé, hablaban de la “amnesia infantil “. Lo que debes saber es que tu bebé no recuerda ese tiempo de su vida de manera racional, pero sin embargo registra lo que está ocurriendo en sus tejidos, células y sistema nervioso como memoria implícita, y por esta razón registra sus experiencias mediante sensaciones corporales, conductas, interpretaciones preceptúales y emociones. Posteriormente, conforme vaya creciendo, la persona repetirá las mismas emociones y conductas, y re-experimentará las mismas sensaciones corporales e interpretaciones preceptúales sin recordar que éstas quedaron configuradas anteriormente, cuando era un bebé.
Algunos psicólogos dicen que el primer año de la vida de tu hijo es el período más importante de su vida, y que conformara profundamente el adulto en que más adelante se convertirá. Otros psicólogos e investigadores que han estudiado el desarrollo del cerebro y del sistema nervioso amplían el período desde la concepción hasta el tercer año del niño. En cualquier caso esos años formativos son esenciales y determinarán enormemente algunos aspectos de su personalidad y estructura de su carácter, tales como su manera de estar en relación, sus habilidades mentales, sus reacciones emocionales, su coordinación física o su capacidad de cooperación y de comunicación a lo largo de toda su vida, En resumen, la salud mental, emocional y física de tu hijo estarán fuertemente influidas por su desarrollo a lo largo de los primeros 3 años de su vida.

Vídeo

Adolescentes en riesgo

25 Sep

 

El adolescente se va a dormir una noche y a la mañana siguiente despierta con un cuerpo que no le pertenece, envuelto en sensaciones nunca antes percibidas. Desregulados como estamos todos en la sociedad de consumo, los adolescentes tienen fuerza suficiente para cazar rinocerontes y valentía para internarse en la selva. Sin embargo los tenemos aferrados a sus pupitres, haciéndoles creer que no son capaces, que no pueden adquirir autonomía, que no son mayores de edad, y que deben prolongar la infancia de mandatos y obediencias debidas. El cuerpo y el alma del adolescente puja por volar lo más lejos posible del hogar de los mayores, pero suele quedar atrapado por las convenciones que determinan que hasta los 18 años, eso no se hace. Los jóvenes se encuentran con más fuerza física y sobre todo, con sentimientos opuestos a los de los padres o maestros amados. Si tienen el coraje interno para desafiar a los mayores, la consecuencia va a ser la expulsión -en términos emocionales- del territorio de intercambio afectivo. Y para rematar, los padres aumentaremos el control sobre los actos que pretendan desplegar.

Si los adultos comprendiéramos que los adolescentes necesitan auto regularse entre ellos, permitiríamos que se junten más, convivan más entre pares, resuelvan más y mejor sus asuntos y sobre todo, facilitaríamos las cosas para que vayan calibrando armónicamente la capacidad de valerse por sí mismos. Suponer que la adolescencia es sinónimo de dolor de cabeza para los padres, es una estupidez. Si han sido niños amados y acompañados sin exigencias desmedidas, la adolescencia transcurrirá con separaciones saludables, cortas y confianza establecida. Pero si quienes son adolescentes hoy, ayer han sufrido el abandono emocional en cualquiera de sus formas, la confrontación hacia los adultos será dura.

Todo pasaje entre la infancia y la adultez requiere pruebas de valentía. A falta de rituales organizados en nuestra moderna sociedad, los jóvenes se calzan la mochila al hombro y salen al bosque, dispuestos a enfrentar ciertos peligros, obstáculos y aventuras que efectivamente tendrán que superar. Todo viaje de iniciación es un adiós al hogar de la infancia, una preparación para medir las capacidades personales de supervivencia y calibrar la autonomía que pueden desplegar a partir de ese momento. Quienes hayan recibido suficiente amparo, sabrán distinguir entre aquello que vale la pena enfrentar y lo que no. En cambio, quienes provengan de historias de descuido o maltrato, caerán en las garras de feroces depredadores, confundiendo arrojo con fragilidad interior.

 

La adolescencia nos encuentra pretendiendo no depender más emocionalmente de nuestros padres pero sin una organización interna consistente por falta de amparo cuando fuimos niños. Entonces esas ansias de libertad las desplegamos con desprolijidad: A veces consumiendo sustancias (tabaco, alcohol, drogas) que nos dan una falsa sensación de bienestar y otras veces desconectando de nuestro mundo emocional. Coincide con el período en que se nos solicita a los adolescentes que definamos nuestra vocación, pero no estamos en condiciones de apropiarnos de nuestro sí mismo para desarrollar nuestras virtudes. Suele ser una época sufriente a mitad de camino entre el desconcertante deseo propio y el inalcanzable deseo de nuestros padres.

Desde el punto de vista de los padres, recién cuando aparecen problemas de consumo, violencia o apatía en nuestros hijos adolescentes, registramos que algo está pasando. Pretendemos una solución. Pero resulta que nuestros hijos pasaron toda su infancia intentando estar en contacto con sus propios ritmos y desplazando sus necesidades primarias, para complacernos. Hace ya mucho tiempo que dejaron de reconocer sus propias señales y -para no sufrir- han aprendido a desconocerlas.

Es evidente que somos los adultos quienes podemos -con las manos sobre el corazón- reconocer nuestra incapacidad para ofrecerles algo más que quejas o juicios sobre lo que ellos hacen mal, aún con la “urgencia” de un joven en riesgo. Solemos creer que la urgencia se instaló ahora que el síntoma se hizo demasiado evidente, cuando en realidad hace años que ese niño venía pidiendo auxilio. Cuando fue bebe no nos pareció peligroso su llanto desgarrador, ni nos pareció terrorífico su llanto desesperado en la escuela, ni las enfermedades a repetición de ese niño cada vez más debilitado. En ese entonces era urgente la presencia emocional de mamá, era urgente el abrazo contenedor cuando había depredadores por doquier, era urgente la disponibilidad de mamá cuando su cuerpo sangraba, desgarrado de soledad. En cambio -una vez que el adolescente logra incorporar una sustancia cualquiera- ya no hay urgencias. Nos sobra el tiempo para recorrer todos los rincones de nuestra historia personal hasta comprender qué nos ha sucedido y por qué nos ha resultado abrumador dar prioridad a las necesidades acuciantes de nuestros hijos pequeños.

Aunque nos encontremos con un panorama desolador, los adolescentes aún están abiertos. Cuando los adultos estamos dispuestos a dialogar con honestidad aceptando el dolor de las propias limitaciones; logramos atraer la atención de los jóvenes en apariencia apáticos. Podemos jugar las últimas cartas mediante una comunicación sincera, siempre y cuando miremos hacia adentro y compartamos con nuestros hijos aquello que vayamos descubriendo respecto a los encadenamientos trans generacionales de maltratos, violencias y abandonos. En pocos años más -cuando ellos se conviertan en adultos- todo proceso de indagación personal va a depender de la decisión consciente de ellos. Ya no de nosotros.

Laura Gutman

 

Acompañar a niños y adolescentes…

LA ADOLESCENCIA NO ES UN PROBLEMA