El movimiento de liberación de la mujer

6 Mar

por: Osho

¿Qué consideras la mayor necesidad de la mujer con­temporánea?

       A causa de que la mujer ha sido dominada, torturada y reducida a un cero a la izquierda, se ha vuelto fea. Cuando no se per­mite que tu naturaleza siga sus necesidades internas, se vuelve amarga, se envenena; se queda como lisiada, paralizada, se per­vierte. La mujer que podemos encontrar en el mundo no es tam­poco una mujer verdadera, porque la han corrompido durante si­glos. Y cuando se corrompe a la mujer, el hombre tampoco puede permanecer natural, porque, después de todo, el hombre nace de la mujer. Si ella no es natural, sus hijos no serán naturales. Si ella no es natural -ella va a cuidar al hijo o hija-, naturalmente esos niños serán afectados por su madre.

La mujer necesita ciertamente una gran liberación, pero lo que está sucediendo en nombre de la liberación es estúpido. Es imita­ción, no es liberación.

Aquí conmigo hay muchas mujeres que han estado en el mo­vimiento de liberación, y cuando llegan aquí por vez primera son muy agresivas. Y puedo comprender su agresividad: siglos y siglos de dominación las han vuelto violentas. Es una simple venganza. Han perdido la cordura, y el único responsable es el hombre. Pero poco a poco, lentamente, se van suavizando, adquieren gracia; su agresividad desaparece. Se vuelven, por primera vez, femeninas.

La liberación real hará que la mujer sea auténticamente una mujer, no una imitación del hombre. Ahora mismo, eso es lo que está sucediendo: las mujeres están intentando ser iguales que los hombres. Si los hombres fuman cigarrillos, entonces la mujer tie­ne que fumar cigarrillos. Si ellos llevan pantalones, entonces la mujer tiene que llevar pantalones. Si ellos hacen ciertas cosas, en­tonces la mujer tiene que hacerlas. Ella se está volviendo simple­mente un hombre de segunda categoría.

Esto no es liberación, esto es una esclavitud mucho más pro­funda, mucho más profunda porque la primera esclavitud se la im­pusieron los hombres. Esta segunda esclavitud es más profunda porque la han creado las mujeres mismas. Y cuando otra persona te impone una esclavitud, puedes rebelarte contra ella, pero si tú mismo te impones una esclavitud en nombre de la liberación, no hay nunca una posibilidad de rebelión.

Me gustaría que la mujer se volviera realmente una mujer, por­que es mucho lo que depende de ella. Ella es mucho más impor­tante que el hombre, porque ella lleva en sus entrañas tanto a la mujer como al hombre. Ella da a luz a ambos, al niño y a la niña; ella nutre a ambos. Si ella está envenenada, entonces su leche está envenenada, entonces su manera de criar a los hijos está envene­nada.

Si la mujer no es libre para ser realmente una mujer, el hom­bre nunca será libre para ser realmente un hombre tampoco. La libertad de la mujer es una condición indispensable para la liber­tad del hombre; es más fundamental que la libertad del hombre. Y si la mujer es una esclava -como lo ha sido durante siglos-, ella hará que también el hombre sea un esclavo de maneras muy sutiles; las maneras de la mujer son sutiles. Ella no luchará direc­tamente; su lucha será indirecta, será femenina. Ella llorará y ge­mirá. No te golpeará, se golpeará a sí misma, y al golpearse a sí misma, al llorar y gemir, incluso el más fuerte de los hombres acaba siendo dominado por su mujer. Una mujer muy delgada y débil puede dominar a un hombre muy fuerte… La mujer necesita una libertad total, para que también pueda dar libertad al hombre.

Esto es algo fundamental que hay que recordar: si esclavizas a alguien, al final te verás reducido a la esclavitud; no puedes per­manecer libre. Si quieres permanecer libre, da libertad a los demás; ésa es la única manera de ser libre.

 

¿Estás en contra del movimiento de liberación de la mujer?

El movimiento de liberación es feo, y ya sé que la responsabili­dad recae en los chovinistas masculinos, los machistas. Ellos han venido haciendo tanto daño a las mujeres a lo largo de los siglos que ahora la mujer quiere vengarse. Pero siempre que empiezas a tomar venganza te vuelves destructivo. Resulta inútil seguir dando atención a heridas pasadas. Resulta inútil vengarse a causa del pa­sado. Hay que aprender a perdonar y olvidar. Sí, lo pasado estuvo muy mal, esto está aceptado. Lo que se ha hecho a las mujeres a lo largo de los siglos ha sido absolutamente erróneo. El hombre ha reducido a las mujeres a la categoría de esclavas; más aún, las ha reducido a la categoría de cosas, de posesiones. Pero ¿para qué sir­ve tomar venganza? Entonces te conviertes en la perseguidora y el hombre en el perseguido. Entonces otro tipo de chovinismo comienza a tomar forma y cuerpo. Entonces surge la mujer chovi­nista, y esto no va a arreglar las cosas. Entonces la mujer empeza­rá a hacer daño a los hombres, y tarde o temprano éstos se venga­rán. ¿Dónde va a parar esto? Es un círculo vicioso.

Y tengo la sensación de que en vez de que lo paren los hom­bres, es mucho más fácil que lo paren las mujeres, que sean ellas las que se salgan del círculo vicioso, porque ellas son más amoro­sas, más compasivas. El hombre es más agresivo, más violento. No tengo mucha esperanza en los hombres, pero espero mucho de las mujeres. Por eso no estoy a favor de la actitud y el enfoque agresi­vo del movimiento de liberación de la mujer… Los problemas de la vida pueden resolverse con amor, no se pueden resolver con un enfoque violento.

El hombre y la mujer son mundos diferentes; por eso es difícil que se comprendan mutuamente. Y el pasado ha estado lleno de malentendidos, pero esto no tiene que continuar así necesaria­mente en el futuro. nosotros podemos aprender una lección del pasado, y la única lección es que el hombre y la mujer tienen que volverse más comprensivos uno respecto al otro y aceptar mejor sus diferencias. Estas diferencias son valiosas, no es necesario que generen ningún conflicto; de hecho, son las causas de la atracción entre ellos.

Si todas las diferencias entre los hombres y las mujeres desa­parecieran, si ambos tuvieran el mismo tipo de psicología, también desaparecería el amor, porque ya no existiría la polaridad. El hom­bre y la mujer son como los polos negativo y positivo de la electri­cidad: se atraen entre sí magnéticamente. Son polos opuestos; por eso el conflicto es natural. Pero mediante la comprensión, me­diante la compasión, mediante el amor, mirando el mundo del otro y tratando de adoptar una actitud favorable hacia él, todos los pro­blemas se pueden resolver. No hay necesidad de crear más conflic­to, ya basta.

El hombre necesita la liberación tanto como la mujer. Ambos necesitan la liberación, liberación respecto a la mente. Deberían cooperar mutuamente y ayudar al otro a que se libere de la mente. Ese será un verdadero movimiento de liberación.

 

¿Crees que sólo las mujeres son las responsables del movimiento de liberación?

El movimiento de liberación que está sucediendo en el mundo es un fenómeno creado por el hombre, una creación masculina. Esto os sorprenderá, que sea, de nuevo, una conspiración masculi­na. Ahora el hombre quiere librarse de las mujeres. No quiere te­ner ninguna responsabilidad. Quiere disfrutar de las mujeres, pero sólo para divertirse. No quiere tomar todas las demás responsabili­dades que esto trae consigo.

Ahora bien, se trata de una conspiración sutil. El hombre está tratando de persuadir a las mujeres de todo el mundo de que la mujer tiene que volverse independiente. Es un truco sutil. Y la mente masculina es astuta, y la mente masculina está ganando. Y ahora muchas mujeres han sido envenenadas con esta idea.

¿Lo sabéis? Las primeras personas que empezaron a hablar de la igualdad entre el hombre y la mujer fueron hombres, no muje­res. Las primeras personas que empezaron a hablar de ello, que de­berían tener la misma libertad, fueron hombres, no mujeres. La se­milla proviene de la mente masculina. Y siempre ha sido así. Cuando el hombre se da cuenta de lo que le conviene, se las arre­gla para que suceda. Su astucia es muy sutil. Y a veces se las arregla de tal manera que la mujer piensa que ella lo está hacien­do por sí misma.

En el pasado también ha sido así. En el pasado el hombre ha persuadido a las mujeres de que ellas son seres puros, ángeles. El hombre es sucio, los chicos son traviesos, ¿y la mujer? Ella es divi­na. El hombre ha puesto a la mujer sobre un alto pedestal; ese fue su truco para controlar a la mujer. El hombre la ha adorado, y me­diante la adoración la ha controlado. Y, naturalmente, cuando la mujer estaba en el pedestal pensaba que era divina, ella no podía hacer esas cosas que hacen los hombres, no podía, porque iba con­tra el ego de la mujer. Ese elevado pedestal satisfacía mucho a su ego. Ella era la madre, era divina; ella tenía más cualidades divinas que el hombre. El hombre es feo, inmoral, y todo eso. Al hombre hay que perdonarle.

De esta forma, el hombre ha seguido haciendo lo que quería a lo largo de los siglos. Y la mujer estaba en una posición elevada. Pero esto era un truco; convencía al ego de la mujer. Y una vez que tu ego está convencido, te han capturado. Ya no puedes cambiar de postura. Pedir la igualdad sería una especie de caída, tendrías que descender para ser igual. Era una estrategia, y la mujer cayó en ella. Permaneció pura, permaneció virgen hasta el matrimonio.

En Occidente, el hombre ha persuadido a las mujeres: «Ahora tenéis que ser libres, tenéis que ser iguales.» Como ahora las cosas han cambiado, los tiempos han cambiado, al hombre le gustaría disfrutar de más mujeres que sólo de su esposa. Ahora él quiere una libertad absoluta. Y la única manera de tener una li­bertad absoluta es dar una libertad absoluta a la mujer. Y la ha convencido de nuevo. Y ahora las mujeres que protestan y las del movimiento de liberación van gritando con toda su alma por la li­bertad y la igualdad. Y no saben que están de nuevo bajo el mis­mo control: de nuevo, el hombre las está persuadiendo. Ahora el hombre quiere usarlas y tirarlas, sin que ello entrañe ninguna responsabilidad.

Si examinas con profundidad todo el asunto, te sorprenderá. La mente masculina es una mente astuta. La mujer es más inocente; ella no puede ser tan estratégica, tan política. Ella siempre ha creí­do al hombre. Y te sorprenderá darte cuenta: ¡estas mujeres del movimiento de liberación de nuevo están creyéndole al hombre! Nada ha cambiado. Ahora, esto es lo que le conviene al hombre, que la mujer sea libre y no pida ningún tipo de compromiso. Él no quiere comprometerse, él quiere tener toda la libertad. Él no quie­re tomar la responsabilidad por tus hijos. Él no quiere vivir conti­go para siempre, quiere cambiar de mujer cada día.

Pero ahora, de nuevo, el hombre está creando bellas palabras: hay que vivir sin compromisos; hay que vivir sin ataduras; no hay que ser posesivos, no hay que ser celosos. Ahora, una vez más, el hombre está creando bellas filosofías. Ya lo había hecho antes, y también entonces las mujeres fueron engañadas, y van a ser enga­ñadas de nuevo. Las mujeres confían. La confianza les resulta fácil; el amor les resulta más fácil que la lógica. Y están muy involucra­das con lo inmediato. El hombre piensa siempre en términos de es­trategia, táctica, qué sucederá, cómo sucederá, él piensa en el fu­turo, él planea el futuro…

El ambiente ahora es que la mujer tiene que ser igual al hom­bre. A ella ya no tiene que interesarle el hogar, la familia, los hijos, la maternidad. Tiene que interesarse por la poesía, la literatura, la pintura, la ciencia, la tecnología, esto y aquello. Ahora se reúnen grupos de mujeres por todo el mundo para concienciarse. Y todas sus sesiones de concienciación consisten en una sola cosa: que tie­nen que destruir algo profundo en su femineidad. Sólo entonces pueden competir con los hombres.

Ellas son suaves, naturalmente suaves. No pueden competir con los hombres. Si quieren competir con los hombres tendrán que volverse duras. Y así, cada vez que te encuentras con una mu­jer del movimiento de liberación puedes ver que su cara ha perdi­do suavidad. Es muy difícil llamar «nena» a una de estas mujeres, muy difícil. Y, además, ella se enfadará, no le gustará. ¿Por qué «nena»?, ella es igual a ti. Surge la dureza.

Cualquier tipo de lucha produce dureza. Y puede que intentes que no te interese el hogar, porque si te interesas por el hogar no puedes competir en el mundo. Si te interesas por los niños no pue­des competir en el mundo; todo eso se convierte en una distrac­ción. Y si quieres competir en el mundo y probar que eres tan fuer­te como los hombres, de alguna forma tienes que volverte más como los hombres.

Y esto será una pérdida. Esto es una pérdida, porque la úni­ca esperanza para la humanidad es la suavidad de la mujer, no la dureza del hombre. Hemos sufrido ya suficiente a causa de la du­reza del hombre. Lo que se necesita es que el hombre se haga más como la mujer, en vez de que la mujer se haga más como el hombre.

Las mujeres están yendo en contra de sí mismas, intentando arreglárselas a toda costa. Pero eso no es natural. Lo natural es el útero de la mujer, ese útero anhela un bebé, ese útero anhela un hogar. El hogar es el útero visible que hay fuera de la mujer, es una proyección del útero interno.

Cuando a la mujer ya no le interesa el hogar, ya no le intere­sa su útero. Pero el útero sigue ahí. Y los hombres y las mujeres no son iguales, porque al hombre le falta ese útero. ¿Cómo van a ser iguales? No digo que estén a niveles diferentes, pero sí digo que no son iguales. Son tan diferentes, ¿cómo van a ser iguales? Son polos opuestos. Son tan diferentes que no pueden ser com­parados en términos de igualdad o desigualdad. Una mujer es una mujer, un hombre es un hombre. Y deberían seguir siendo hombre y mujer. A la mujer debería seguir interesándole el ho­gar, porque cuando deje de interesarle el hogar le dejará de inte­resar el útero, el hijo. Y entonces naturalmente se volverá les­biana.

Mi propio entendimiento es que el hombre tiene que volverse un poco más femenino. Ha ido demasiado lejos en lo de hacerse un hombre, ha perdido cualquier vestigio de humanidad. No lo sigas, no compitas con él, de otra forma entrarás en el mismo bache, en la misma rutina. Te volverás belicosa. Y las mujeres del movimien­to de liberación gritando y voceando y protestando por las calles son algo simplemente feo. Están mostrando los peores rasgos de la mente masculina.

Me resulta imposible comprender tus generaliza­ciones sobre los tipos masculino y femenino. A veces reconoces los principios masculino y femenino sin re­lación con el sexo de la persona. Pero la mayor parte del tiempo hablas de que la mujer es más «primitiva» Que el hombre, y encuentras al «lobo» en el hombre. ¿Qué pasa con la mujer que se encuentra a sí misma siendo naturalmente la que toma la iniciativa, o que ve al gato, y no al lobo, en su hombre? Algunos hom­bres están realmente deseosos de ser pasivos. Puede que algunas mujeres necesiten reafirmarse a sí mis­mas para crecer. ¿Cómo va a ser simplemente una cuestión de que el movimiento de liberación está ha­ciendo a las mujeres «sofisticadas» y excesivamente racionales?

Mi afirmación de que las mujeres son más primitivas que  los hombres no es para condenarlas, es para condenar  a  los hombres. Al decir «primitiva» quiero decir más natural, más en armonía con la existencia. La civilización es una falsificación, civilización significa salirse de la naturaleza. Cuanto más civilizado se hace el hombre, más se cuelga de la cabeza. Pierde el contacto con su co­razón. El corazón aún es primitivo. Y es bueno que las universi­dades aún no hayan encontrado la forma de enseñar al corazón y civilizarlo. Esa es la única esperanza de que sobreviva la huma­nidad.

¡Abandonad esas ideas de ser hombres y mujeres! Somos todos seres humanos. Ser un hombre o una mujer es tan sólo algo muy superficial. No le prestes mucha atención, no es algo muy impor­tante; no le des mucha importancia.

Y lo que digo a veces pueden parecer generalizaciones porque no puedo señalar cada vez todas las condiciones; de otra forma, lo que os digo estaría muy cargado de notas a pie de página. ¡Y yo odio los libros con notas a pie de página! Simplemente, no los leo. En cuanto veo notas a pie de página, tiro el libro, está escrito por al­guna lumbrera, algún erudito, algún tonto.

Tú dices: «Me resulta imposible comprender tus generaliza­ciones sobre los tipos masculino y femenino…»

Siempre hablo sobre tipos; el género no va incluido. Cuando digo «hombre» me refiero al tipo masculino, y cuando digo «mu­jer» me refiero al tipo femenino. Pero no puedo decir cada vez «tipo masculino», «tipo femenino». Y tienes razón en que hay mu­jeres que no son mujeres, que son lobos; y hay hombres que no son lobos, que son gatos. Pero entonces, todo lo que digo sobre el tipo masculino será aplicable a las mujeres que son lobos, y lo que digo sobre las mujeres será aplicable a los hombres que son gatos.

No estoy hablando de la distinción biológica entre el hombre y la mujer, estoy hablando de la distinción psicológica. Sí, hay hom­bres mucho más femeninos que cualquier mujer, y hay mujeres mucho más masculinas que cualquier hombre. Pero esto no es algo bello; esto es feo, porque crea una dualidad dentro de ti.  Si tie­nes cuerpo de hombre y mente de mujer, habrá un conflicto, una lucha social dentro de ti, una guerra civil en tu interior. Estarás continuamente en guerra, luchando, tenso.

Si eres una mujer fisiológicamente y tienes la mente de un hombre, tu vida derrochará mucha energía en conflicto innecesa­rio. Es mucho mejor estar en armonía. Si eres hombre corporal-mente, entonces mejor ser hombre mentalmente; si eres mujer corporalmente, mejor ser mujer mentalmente.

Y el movimiento de liberación de la mujer está creando pro­blemas innecesarios. Está haciendo lobos a las mujeres, les está en­señando a luchar. El hombre es el enemigo, ¿cómo vas a amar al enemigo? ¿Cómo vas a relacionarte íntimamente con el enemigo? El hombre no es el enemigo.

La mujer, para ser realmente una mujer, tiene que ser más y más femenina, tiene que alcanzar las cimas de la suavidad y la vul­nerabilidad. Y el hombre, para ser realmente un hombre, tiene que ahondar en su masculinidad lo más profundamente posible. Cuan­do un hombre auténtico entra en contacto con una mujer auténti­ca, son polos opuestos, extremos. Pero sólo los extremos se pueden enamorar, y sólo los extremos pueden disfrutar de intimidad. Sólo los extremos pueden atraerse mutuamente.

Lo que está sucediendo ahora es una especie de unisexo: los hombres volviéndose más y más femeninos, las mujeres volviéndo­se más y más masculinas. Tarde o temprano, se perderán todas las diferencias. Será una sociedad muy sosa, será aburrido.

Me gustaría que la mujer fuera lo más femenina  posible, sólo entonces puede florecer. Y el hombre necesita ser lo más masculi­no posible, sólo entonces puede florecer. Cuando son polos opues­tos, surge entre ellos una gran atracción, un gran magnetismo. Y cuando se juntan, cuando se encuentran en la intimidad, aportan dos mundos diferentes, dos dimensiones diferentes, dos riquezas diferentes, y ese encuentro es un tremendo beneficio, una bendi­ción.

¿Cuál consideras el siguiente paso que las mujeres ne­cesitan dar?

Quiero decir a las mujeres del mundo entero que vuestro mo­vimiento de liberación no ha hecho nada, porque está en manos de mujeres muy estúpidas. Son reaccionarias, no revolucionarias. De otra forma, lo más simple e importante, la primera prioridad, es que las mujeres deberían exigir un voto separado, para que las mu­jeres sólo puedan votar por mujeres, y los hombres sólo puedan vo­tar por hombres. Sólo un simple y único paso, y la mitad de todos los parlamentos del mundo estará ocupado por mujeres. Y las mu­jeres estarán naturalmente en el poder, porque el hombre, por na­turaleza, tiene tendencia a luchar. Él creará partidos, partidos po­líticos, ideologías religiosas, en torno a cosas pequeñas, menores, triviales.

De forma que si las mujeres de un parlamento forman un solo voto, la otra mitad, la de los hombres, estará dividida al menos en ocho o diez partidos. El mundo entero puede llegar a manos de las mujeres. Y las mujeres no están interesadas en las guerras, las mu­jeres no están interesadas en las armas nucleares, las mujeres no están interesadas en el comunismo o el capitalismo.

Todos estos «ismos» salen de la cabeza. A las mujeres les inte­resa estar alegres, las pequeñas cosas de la vida: una casa bonita, un jardín, una piscina.

La vida puede ser un Paraíso, pero va a seguir siendo un in­fierno a no ser que se retire al hombre del poder de una vez por  to­das. Y se le puede retirar muy fácilmente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: