Gratitud (diversas formas de dar las gracias por lo que tenemos)…

9 Oct

Expresar gratitud durante los retos de la vida

Shakti Gawain

Shakti Cawain es la autora de libros de tanto éxito como Visualizarían creativa, Vivir en la luz, Return to the Carden [Volver al Jardín], Despertar a la conciencia, El camino de transformación y varios otros. Es una profesora cálida, elo­cuente e inspiradora, y ha dirigido talleres en diversos paí­ses. Durante casi 20 años ha ayudado a miles de personas a aprender a confiar en su propia verdad interior y a actuar según ella, liberando y desarrollando su creatividad en todos los aspectos de su vida. Shakti y su marido, Jim Burns, son cofundadores de la editorial Nataraj. Tienen su hogar en Mili Valley (California) y en la isla hawaiana Kauai.

Es relativamente fácil sentir gratitud cuando ocurren cosas buenas y nuestra vida se desarrolla tal como deseamos; incluso en esos momentos solemos darlo todo por descon­tado. Es muy bueno dedicar unos instantes a expresar nuestra gratitud y aprecio a otras personas, a la Tierra, a nuestro poder superior, a la vida.

Bastante más difícil es expresar gratitud cuando esta­mos pasando por un periodo malo o la vida no nos va como creemos que debería irnos. En esas ocasiones, lo más probable es que nos sintamos dolidos, confundidos o resentidos, lo cual es perfectamente natural. La gratitud es lo último en que se nos ocurre pensar en esos momentos. Ha habido ocasiones en mi vida en que he sentido unos tremendos deseos de levantar el puño hacia el Universo preguntando por qué me ha asestado ese cruel golpe.

De todos modos, es interesante cómo después de pasar por momentos difíciles, al mirar retrospectivamente sole­mos ver que había algo importante y necesario en esa expe­riencia. Es posible que no lleguemos a verlo hasta que hayan pasado meses o incluso años, pero finalmente nos damos cuenta de que aprendimos una importante lección, nuestra sabiduría se hizo más profunda, hubo un desper­tar, o tal vez se nos abrió una nueva puerta a consecuencia de los acontecimientos que nos parecieron tan negativos en el momento.

Por ejemplo, la pérdida de un trabajo puede habernos llevado a una curación espiritual o emocional. El fin de una relación puede habernos dado la oportunidad de descubrir que necesitábamos un tiempo de soledad, o tal vez nos des­pejó el camino para una relación más satisfactoria- En ese momento podríamos comenzar a sentimos agradecidos de que la vida se haya desplegado como lo hizo.

A los momentos dolorosos de la vida yo los llamo «cri­sis de curación». Dejamos atrás algo viejo y nos abrimos a algo nuevo. Con frecuencia esto sucede porque nuestra conciencia ha aumentado y por lo tanto ya no podemos vivir de la antigua forma. A veces nos enfrentamos con un cambio necesario que debemos hacer en nuestro interior y/o en nuestra vida. Hay un proceso de duelo o aflicción por el que debemos pasar cuando dejamos algo a lo que hemos estado aferrados. Hemos de permitirnos sentir el miedo y la tristeza, y también recordarnos que en esa expe­riencia hay un regalo que sencillamente no vemos todavía.

Así pues, si en estos momentos estás pasando por una crisis de curación, busca todo el amor y el apoyo que pue­das y date permiso para experimentar plenamente todos los sentimientos que surjan. Pide que el regalo de esta experiencia se te revele tan pronto como estés preparada (o preparado) para él. Y ten presente que cuando pase un tiempo y hayas adquirido perspectiva, nuevamente sentirás gratitud por el increíble viaje de tu vida.

 

La gratitud es un santuario

Michele Gold

Michele Gold es la autora del bello libro de gran formato Angeis of the Sea: Sacred Dolphin Art ofAtlantis [Ángeles del mar: Arte sagrado de los delfines de la Atlántida], Su obra de arte espiritual y narrativa, que ha sido premiada, refleja imágenes oníricas, visiones, mitos y la experiencia real de nadar con familias de delfines no domesticados. Su obra ha aparecido en documentales realizados en Estados Unidos y se ha expuesto en el mundo entero. Poseedora de un profundo respeto por todos los seres vivos, su mayor deseo es que los demás compartan su compasión por estos exquisitos seres que son los delfines. Michele es una ilus­tradora de obras de arte, escritora, fotógrafa, bailarina y música, y cree que el amor es siempre la respuesta.

Mi padre me contó una deliciosa historia sobre un padre que regaló a su joven hija un sencillo medallón diciéndole que en su interior había un diamante muy valioso, de modo que si en alguna ocasión se veía en apuros, podría romper el medallón, vender el diamante y así superar las dificultades.

La niña se hizo mujer y tuvo que luchar sola para sobrevivir a terribles épocas de pobreza, pero la sola idea del diamante que reposaba seguro en el medallón que lle­vaba colgado al cuello le daba el valor que necesitaba para seguir adelante. Muchos años después, finalmente logró el éxito en todos los aspectos de su vida y ya no necesitó luchar por la supervivencia. Su curiosidad había crecido hasta el punto de que necesitaba saber cuánto valía el dia­mante en realidad.

Llevó su querido medallón al mejor joyero del pueblo para que le tasara el diamante. El joyero miró con cierto desdén el sencillo y deslustrado medallón, cogió un marti­llo y con un rápido y preciso golpe lo rompió en muchos pedazos, dejando en libertad una pequeña piedra brillante. La cogió y la miró a la luz.

-Vamos, esto no es un diamante, señora, sino un vul­gar trozo de vidrio sin ningún valor.

Sorprendida ella se echó a reír, a llorar y nuevamente a reír.

-No, mi buen señor, ¡este es el diamante más valioso del mundo! -le dijo, secándose las lágrimas.

Su padre le había regalado una joya inapreciable: la esperanza y la firme creencia de que siempre todo le iría bien, y ella le estaría toda la vida agradecida por ello.

Cuando busco las experiencias de las que estoy más agra­decida, mi mente viaja en espiral. Por muy especial y única que sea la experiencia, el centro siempre es la bondad- Me gustó muchísimo encontrar la siguiente definición de la gratitud: El aprecio de la bondad. Intento vivir basándome en la gratitud. Mis primeros maestros fueron mis padres, mis hermanos y los bichitos que vivían bajo el musgo del húmedo jardín que teníamos en la parte de atras de la casa. Recuerdo que comprendía lo que era la gratitud cuando una mariposa de un vivo color amarillo se me posaba en la mano, o cuando un pájaro me permitía aproximarme lo suficiente para verle las plumas de cerca.

La gratitud no siempre es instantánea. Hay cosas que tardan un poco en revelar los beneficios que aportan, cuan­do puede haber una comprensión intuitiva. Muchas veces una falta de gratitud puede representar un fuerte golpe que te vuelve a poner en el camino. Ha habido ocasiones en que me he alejado demasiado de mi corazón y me he senti­do insatisfecha; eran señales de que algo tenía que cambiar, y esa desdicha se convertía en un momento decisivo, un cambio de rumbo hacia el amor y la gratitud. En mi vida adulta, varios encuentros con delfines Ubres me abrieron más el corazón y la mente a la experiencia del amor incon­dicional y la valoración del momento presente, por lo cual me sentiré siempre impresionada y agradecida.

Un maravilloso maestro de meditación me enseñó a fijarme una meta. Es una manera de crear una señal clara para el Universo sobre la dirección que llevas en la vida Fijas lu rumbo y después dispones las velas de tu barco para ir hacia una isla sagrada, oscurecida por las nieblas y la distancia, pero que tu intuición sabe que está allí. Los potentes y arremolinados vientos pueden desviarte, pero las suaves brisas tropicales te devuelven al buen rumbo. La noche cae una y otra vez, pero llevas en lo más profundo de tu interior un mapa que te guía en tu viaje místico. Finalmente llegas a tu destino si continúas fijándote una meta.

Creo que la gratitud es la manera como llegamos a nosotros mismos. Todas las mañanas y todas las noches me concentro durante un momento y doy las gracias por el regalo de mi vida y por la presencia y el amor de todas las personas que forman parte de ella. Agradezco todo lo que se me da y todo lo que estoy aprendiendo. Doy las gracias por todo lo que deseo realizar como si ya lo hubiera hecho. Expreso mi gratitud a todos los ángeles de la guarda y a los Devas de la Naturaleza por sanar a mis seres queridos y al planeta. Pido orientación y exploro mis sueños en busca de respuestas. Doy las gracias por la buena salud y la riqueza de mis sentidos, por la inmensa belleza y magnificencia de la Tierra, por el don de la creatividad y la capacidad de expresar mis sentimientos mediante la pintura, las pala­bras, la música y la danza. Agradezco la sabiduría prove­niente de siglos de anhelos que nos proporcionan las histo­rias e imágenes antiguas, y la Naturaleza. Doy las gracias por los exquisitos delfines, pájaros, árboles y todo lo que vive. Agradezco la abundancia y la prosperidad, siempre presentes. Y por encima de todo… doy las gracias por la bondad.

Muchas veces, cuando mi vida era muy penosa y difí­cil, me sentía muy agradecida por los incontables gestos de bondad. Durante años me sentí sola en mis luchas, y sin embargo, una parle de mí sabía en el fondo que siempre tenía un diamante. Siento una profunda gratitud por los increíbles regalos del amor y la vida.

Trátate siempre como a un ser valioso, inapreciable, digno de amor.

La gratitud es un santuario que nos permite amar con más profundidad.

 

Círculo completo

Nadando durante miles de años, bajo muchas lunas lle­nas…, te buscaba.

Naves y almas perdidas toman tierra en lugares acogedores guiadas por el anhelo y los ángeles del mar.

Mi corazón vaga, me acurruco y me abrazo,

ansiando estar en casa,

sin saber que está siempre aquí

Y en medio del vaivén

suscitado por la fuerza de la lluvia,

respirando por los ojos,

siento venir la dulzura de muchos árboles risueños

que saben que esos tesoros

enterrados en el ¡ondú de mi corazón

han comenzado a entonar

la Canción de los Ángeles Soñadores.

Teniendo a mi Alma por único mapa,

con el cual conducir,

con el cual guiar

mis deseos de que el mundo sea tan suave

como la amabilidad de las manos tiernas,

y se deslice muy silencioso,

con la dulce musita de los pájaros

que sube en espiral desde el lugar más profundo…

sonrío en mi interior,

sonrío profundamente.

 

La gratitud nos puede alegrar el día

Karen M. Haughey

Karen M. Haughey es una galardonada pintora, poetisa y diseñadora artística cuya obra se ha expuesto por todo el mundo. Es también la autora del libro de arte de gran for­mato Angels: Guardians ofthe Líght [Ángeles: Los guar­dianes de la Luz]. Cuando se le pregunta qué la inspira a pintar principalmente ángeles y sirenas, contesta: «Miro dentro de mí en actitud visionaria con la ayuda de la meditación y de sonidos tranquilizadores, como la músi­ca». Esto estimula e ilumina el intelecto creativo, evitan­do así la lógica preconcebida. Karen tiene su hogar en el norte de California.

Deseo comenzar por expresar mi gratitud a mi querida amiga Louise L. Hay por convertir en realidad muchos de mis sueños. Su cariño, su apoyo y su bondad serán siem­pre motivo de mi eterno agradecimiento.

También me llena de gratitud el don que Dios me ha dado de pintar los ángeles como lo hago, porque este don que tengo no es para mí, sino para los demás, para influir de un modo positivo en su vida.

La vida no está hecha para que uno se aísle en sí mismo, sino para compartirla en el contexto del amor y la paz. La gratitud también proviene del hecho de hacer algo por los demás, o de lo que algunos llamarían «actuar con bondad al azar», sin otro motivo que simplemente desear hacer una buena acción por alguien, ya sea ese alguien un desconocido o una persona a la que se conoce de toda la vida. Me produce una absoluta satisfacción hacer este tipo de cosas. Y no es que lo busque, pero siempre recibo algo de vuelta, y sé que Dios vela por mí en todo momento.

Recuerdo algunos sencillos incidentes. Uno ocurrió cuando iba cruzando el puente de San Mateo, cerca de mi casa en la zona de la bahía de San Francisco. Siempre pago el peaje del coche que viene detrás. En esta ocasión, el coche que se detuvo detrás del mío era uno muy caro, con los cristales tintados y esas cosas. Le pasé el dólar extra a la chica que atendía la cabina diciéndole que se cobrara tam­bién el peaje del coche de atrás. Ella me miró algo extraña­da; evidentemente estaba comparando la calidad de nues­tros respectivos coches. Pero hizo lo que le pedí.

Rara vez veo una reacción en las personas cuando hago esto, aparte de una sonrisa o un gesto con la mano, o a veces una mirada extrañada, pero en esta ocasión fue algo diferente. El susodicho coche se puso al lado del mío, bajaron las ventanillas y dos niñas, su mamá y su papá comen­zaron a hacer gestos y tocar la bocina con un entusiasmo que yo no había visto jamás, con toda esa gratitud y ese agradecimiento de que hemos estado hablando. Por su reacción uno habría pensado que yo había hecho muchísi­mo más que pagarles el peaje, algo tan simple. Pero ver la sorpresa y la felicidad en las caras de las niñas y esa pizca de incredulidad en las de los padres fue suficiente para ale­grarme el día.

En otra ocasión, iba conduciendo por un barrio resi­dencial y observé que alguien había dejado el coche apar­cado delante de la casa con las luces encendidas. Tuve que desviarme de mi camino, pero di la vuelta, aparqué el coche y subí a pie hasta la casa; llamé a la puerta y les dije a los dueños que habían dejado encendidas las luces de su coche. Me dieron las gracias efusivamente una y otra vez, como si hubiera realizado algo milagroso, cosa que, en mi opinión, obviamente no había hecho.

Lo que quiero decir es que lo que importa no es lo que des de forma tangible, sino lo que des con el alma y el cora­zón a otro ser humano, sin esperar nada a cambio.

La gratitud que recibas provendrá del hecho de darlo.

La vida es un regalo, y lo que hagas con la tuya depen­de totalmente de ti. Agradece este regalo y úsalo para sa­nar este hermoso planeta en que vivimos, nuestra Madre Tierra.

Extracto del libro:

Louise Hay, Gratitud, 7ª. ed., Urano, España, 2007, p. 21-25.

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