“Amor”, lecciones de Metafísica

14 Abr

por: Conny Méndez

Jesucristo dijo “SOIS DIOSES” (Evangelio de San Juan, cap. 10-34). Así como la Creación, toda ella, fue un pensamiento manifestado, así el hombre, que es un dios en potencia, crea con el pensamiento todo lo que él ve manifestado a igualdad y semejanza de su Creador. Esto ya lo aprendiste. También has aprendido la mecánica de esta creación mental; el carácter, (positivo o negativo) de lo creado; la fuerza (fe o temor), que determina el carácter; la manera de cambiar el aspecto exterior de lo que hayas creado negando y afirmando); el poder de la palabra; que es el pensamiento hablado y que por lo tanto confirma las órdenes que has dado con tus pensamientos; y finalmente la fómula infalible para crear, manifestar y obtener lo mejor, lo más alto, lo perfecto: “Conociendo la Verdad”, en acatamiento a la ordenanza del Maestro Jesús. Sabes que esta Verdad es que fuimos creados perfectos por un Creador perfecto, con la esencia perfecta de Él mismo, con libre albedrío para crear de manera positiva o negativa; por lo tanto el “mal” no es una creación de Dios. No tiene ningún poder frente a la Verdad. Que desaparece al sustituir el pensamiento, y la palabra positiva. Jesús dijo: “no resistáis al mal” (San Mateo, 5-39) o sea, que domináramos el mal con el bien. La Verdad única es el Bien.

 

DE AHORA EN ADELANTE NO PODRÁS JAMÁS VOLVER A CULPAR A NADIE DE LO QUE TE OCURRA. TENDRÁS QUE MIRARTE FRENTE A FRENTE Y PREGUNTARTE “¿CÓMO FUE MI CLIMA MENTAL EN ESTA CIRCUNSTANCIA? ¿FUE POSITIVO O NEGATIVO? ¿HE SENTIDO FE O TEMOR? ¿QUÉ ESPECIE DE DECRETOS HE LANZADO CON MIS PALABRAS?” “POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS”. TENDRÁS QUE SINCERARTE Y CONTESTAR LA VERDAD. ¿TE COMPLACE LO QUE ESTÁS VIENDO ¿O DESAGRADA? TÚ DIRÁS.

Ahora, en metafísica cristiana decimos que Dios tiene siete aspectos: Amor, Verdad, Vida, Inteligencia, Alma, Espíritu y Principio. Como ves, todos estos aspectos son estados invisibles. Mentales, pues. No los podemos ver ni tocar. Sentimos y apreciamos sus efectos. Existen, actúan, son reales, son cosas y ninguno se puede negar.

Amor se le llama al carácter de Dios, el primer aspecto de Dios, la fuerza más potente de todas las fuerzas y la más sensible. Pocas personas saben lo que es realmente el amor. La mayoría cree que es aquello que se siente hacia los padres, los hijos, los esposos, los enamorados, etc. Afecto, cariño, atracción, antipatía y odio son todos diferentes grados de una misma cosa: sensación. El amor es muy complejo y no se puede definir con una sola palabra, pero ya que en nuestro planeta se entiende por amor la sensación, y aunque ésta no es sino, como quien dice, el bordecito exterior del amor, tratemos de acercar la sensación lo más que se pueda al amor, para comenzar a comprenderlo. El punto central en la escala que va desde el odio hasta el sentimiento que aquí llamamos “amor”, es la tolerancia y la buena voluntad.

Parece una contradicción, pero cuando se “ama” mucho, mucho o demasiado, faltan tolerancia y buena voluntad. Cuando se odia, faltan la tolerancia y la buena voluntad. O sea, que tanto el excesivo amor como el excesivo desamor son la negación de la tolerancia y la buena voluntad. Jesús dijo “Paz a los hombres de buena voluntad”. Lo cual implica que lo que pase de allí no trae paz. La paz está en el centro, el perfecto equilibrio, ni de más ni de menos, en todo. Todos los excesos, aún el exceso de Bien (exceso de dinero, de amor, de caridad, de oración, de sacrificio, etc.) desequilibran el peso de la balanza; llevan más hacia uno de los lados, y quitan la paz. Cuando Génesis dice: “de todos los frutos del paraíso podéis comer, salvo del fruto del árbol de la ciencia del Bien y del Mal” se refiere a eso precisamente. El tronco de árbol simboliza el centro, el equilibrio. Las ramas parten de ese centro, desprendiéndose hacia todos lados produciendo “frutos”. Algunos se manifiestan buenos, otros malos. Simbolizan los extremos. Verás pues que “el fruto prohibido” que tanta tribulación ha causado en el mundo no es otra cosa que los extremos. El exceso en todos los aspectos, pues dios, que todo lo creó, declaró toda su obra “buena” (léelo en Génesis) y sólo menciona la palabra “Mal” con respecto al exceso.

Un paréntesis para recomendarte que leas y medites el capítulo de Eclesiastés que comienza: “todo tiene su tiempo…” (La Biblia). [Transcripto a continuación]:

“Todo tiene su tiempo,  y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.

Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.

¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?

Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él.

Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.

Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida; y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.

He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres.

Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó”.

 

Volvamos al Amor. Aquellas madres que dicen amar tanto a sus hijos que no les permiten separerse del nido, ni casarse, ni actuar independientemente de ellas cuando ya son hombres y mujeres mayores de edad,  no aman. Son egoístas y lo que sienten es deseo de posesión. Aquellas novias y esposas que sufren torturas de celos, igualmente. Esos tipos de “amor” no son otra cosa que exceso de sentimiento. Sobrepasan la medida y  por lo tanto se van muy lejos de la tolerancia y la buena voluntad.

Por lo general, el exceso de sentimiento prueba que hay falta de desarrollo de la inteligencia. Esto sin duda causará indignación en aquellas personas que se llenan la boca diciéndose “muy sentimentales”. A nadie le agrada que otro le descubra su falta de inteligencia, pero pueden comprobarlo. El exceso de emotividad, como todo exceso, es “malo”. Es prueba de que falta lo que le haga contrapeso. El exceso de calor, por ejemplo, se equilibra con igual cantidad de frío para llevarlo a ser soportable o desagradable. La inteligencia es fría. La emoción es cálida. Una gran capacidad emotiva es una cualidad magnífica y muy deseable, siempre que esté equilibrada con igual capacidad intelectual. Esto es lo que produce los grandes artistas. Pero el artista tiene su arte en que volcar toda su potencia emotiva. En cambio la persona exageradamente emotiva y con poco desarrollo intelectual vuelca toda su pasión en los seres humanos que la rodean, pretende atarlos y que cumplan su antojo.

El remedio para la excesiva emotividad es pensar y reflexionar mucho, sobre todo ponerse a meditar. Durante un rato y diariamente, en la inteligencia. Comenzando por preguntarse ¿qué cosa es la inteligencia? Continuando por pensar en que todo contiene inteligencia en el universo, las plantas, los animales, etc. y terminando por afirmar “Yo soy inteligente, con la inteligencia de Dios mismo, ya que soy creado de la esencia misma del Creador; por la inteligencia, con la inteligencia y de la inteligencia de Dios”. A los pocos días de repetir este tratamiento se notará ya un cambio en la elasticidad y la penetración mental; y con sólo una semana del ejercicio se aprecia la transformación en la forma de amar a los demás, una serenidad y una generosidad peculiar que uno nunca se hubiera creído capaz de expresar. Al mismo tiempo se nota un cambio total en los demás hacia uno mismo. Esto se debe a que somos “individuos” o sea, indivisibles; y lo que afecta a uno afecta a todos. EL ESCALÓN QUE TÚ SUBAS  AYUDA A TODA LA RAZA.

Ahora pasaremos a tratar sobre el enemigo Número Uno de toda la humanidad: El resentimiento y el rencor, por no decir el odio. Casi no hay seres humanos que estén exentos de resentimientos, sin saber que esto amarga la vida entera, influencia en mal toda manifestación y es causa de todas las decepciones que sufrimos, aún cuando se aprende a “negar y afirmar”, a “conocer la Verdad”, a vigilar y corregir los pensamientos y las palabras. Un solo resentimiento, un rencor grabado en el subconsciente y en el alma actúan como una fuentecita de hiel emanando su gota de amargura, tiñéndolo todo y contrariando sorpresivamente nuestros mayores anhelos. Nada, ni la demostración más perfecta, puede perdurar mientras exista aquel foco infeccioso malogrando nuestro propio ser! La Biblia, las iglesias, las religiones se cansan de abogar por el perdón y el amor hacia los enemigos; y todo es en vano mientras no enseñen la forma práctica de imponernos el perdón hacia los que nos hieren. MUCHO SE ESCUCHA DECIR “YO PERDONO PERO NO PUEDO OLVIDAR”. MENTIRA. MIENTRAS UNO RECUERDE UN DAÑO, NO LO HA PERDONADO.

Vamos a dar la fórmula infalible para perdonar y olvidar al mismo tiempo, para nuestra propia conveniencia ya que esto nos establece en el punto central del equilibrio, el de la tolerancia y la buena voluntad y siendo este esfuerzo AMOR. San Juan, el Apóstol del amor dice: “El amor es el cumplimiento de la ley”. Cumplir con la ley del amor es cumplir con todas las leyes. Es estar con Dios, en Dios, es ser dichosos, satisfechos y completos en todas nuestras manifestaciones. Mi maestro decía: El hombre que ama bien es el hombre más poderoso del mundo. Y aquí la receta para bien amar:

CADA VEZ QUE SIENTAS ALGO DESAGRADABLE HACIA OTRO; O BIEN QUE TE ENCUENTRES RESINTIENDO ALGO QUE TE HAYAN HECHO; O QUE TE RECONOZCAS UN FRANCO RENCOR O UN DESEO DE VENGANZA, PONTE DELIBERADAMENTE A RECORDAR (NO ES TRATAR DE OLVIDAR LO DE AHORA), ES A RECORDAR TODO LO BUENO QUE CONOCES DE AQUELLA PERSONA. TRATA DE REVIVIR LOS RATOS AGRADABLES QUE GOZASTE EN SU COMPAÑÍA, EN TIEMPOS PASADOS, ANTERIORMENTE AL MOMENTO EN QUE TE HIRIÓ. Insiste en rememorar lo bueno, sus buenas cualidades, la forma en que pensabas de él. Si logras reírte de algún chiste que él dijo o de algo cómico que gozaron juntos, el milagro se ha hecho. Si no basta con un solo tratamiento, repítelo tantas veces como sea necesario para borrar el rencor o resentimiento. Te conviene hacerlo, “hasta setenta veces siete”.

Esto es el cumplimiento de la ley dada por Jesús: “NO RESISTÁIS AL MAL”. Esto es volver la otra mejilla. Es amar a los enemigos, bendecir a los que nos maldicen, hacer bien a los que nos aborrecen y orar por los que nos ultrajan y persiguen, todo sin exponernos a que nos pisoteen. Si lo haces con sinceridad te vas a dar cuenta de algo muy extraño, y es que te sentirás liberado, primeramente, y luego, que una montaña de pequeños inconvenientes que te ocurrían y que no sabías a qué atribuir desaparecen como por encanto, y tu vida marcha sobre rieles. Además de que te verás amado por todo el mundo, aún por aquellas personas que antes no te quisieron bien.

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