La brisa de las emociones

18 Feb

Por: María Jesús Verdú Sacases

Serenar las emociones depende de nosotros: se trata, en definitiva, de adentrarnos en nuestra calma interior y en el silencio del alma y del corazón. Es algo inherente a nosotros y que poseemos desde que nacemos. Sólo podremos recuperarlo a través del contacto con nosotros mismos, conectando con nuestra intimidad y con la plenitud de nuestro ser interior. Adentrarnos en nosotros mismos es la mejor de las experiencias porque nos permite conocernos y disfrutar de todo aquello que forma parte de nosotros desde siempre y que, con las prisas y las exigencias que nos impone el mundo exterior, hemos olvidado. Es como si nos hubiéramos descuidado de nosotros mismos en beneficio del entorno que nos rodea. Pero ocuparnos de nosotros no es egoísmo, sino un acto de amor por uno mismo.

 

De lo primero que nos damos cuenta con la práctica de la meditación es de que somos un tanto estrechos de miras y que, por eso, es preciso ampliar nuestras perspectivas, abriéndonos a nuevas ideas y desechando aquellos conceptos viejos, preconcebidos y obsoletos pues cada situación es única y diferente en un contexto dominado por la impermanencia de las cosas, o sea, gobernado siempre por el cambio: lo único constante que hay en nuestras vidas. Sin embargo, eso no excluye que mientras estemos experimentando una experiencia, obtengamos lo bueno que nos ofrece de acuerdo con nuestros principios y valores, pero sin aferrarnos ni tratando de controlarla al cien por cien para que se adapte a nuestro antojo, sino desarrollando la fuerza necesaria para aceptarla y saber soltarla o desapegarnos de ella, si llega el momento de iniciar otro nuevo camino. Así pues, si la vida es tan fluctuante, ¿de qué sirve preocuparnos tanto por detalles que en realidad resultan insignificantes, pues como todo: pasarán de largo? ¿De qué sirve criticar tanto a los demás? Es como si perdiéramos lo más valioso que tenemos: nuestro tiempo, esa herramienta poderosa que bien empleada nos conducirá a la plena realización personal

Entrar en nuestro interior, crear una conciencia de paz y penetrar en el silencio o en el espacio concreto entre cada pensamiento, nos conducirá a una sensación de infinitud del universo interior donde todo es relativo y todo idea es capaz de fluir en nuestro río de sentimientos, aquél donde la flexibilidad y la tolerancia aflora de forma natural al ser conscientes de su existencia.

 

Una brisa de emociones podríamos definirla como una herramienta para:

–    Entrar en contacto con nuestra espiritualidad o parte no física.

–  Dedicar parte del tiempo a hacer algo que nos gusta.

–  Desarrollar nuestra parte creativa.

– Aprender a sentirnos a gusto con nosotros mismos.

– Recrearnos en las emociones gratificantes y potenciarlas.

–   No abandonar a la primera de cambio, sino aprender a integrar la lección que nos prepare para la siguiente fase.

–   Dar paso a la autenticidad y a la honestidad en todo aquello que dependa de nosotros.

– Visualizar en nuestra mente cómo nos gustaría sentirnos con la consecución de nuestros objetivos.

–  En lugar de suponer, preguntar o aclarar.

–  Ser conscientes que siempre nos quedará algo por aprender, pero eso no debe desanimarnos sino que debe motivarnos a mantener una mente abierta y predispuesta a lo nuevo en un entorno siempre en movimiento.

Una respuesta to “La brisa de las emociones”

  1. Maria Jesus Verdú Sacases 2 noviembre, 2014 a 8:55 am #

    Muchas gracias por difundir este texto de mi autoría

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